lunes, 21 de diciembre de 2015

De acá en adelante: sólo para arriba


Cuarta vez en el día que abro  el blog para escribir. Recién a estas horas puede tipear en una tecla. Y empezar.
No se qué quiero escribir. Quiero decir tantas cosas y hablar de tantos temas. Quiero expresar tantas cosas que tengo adentro y no me sale ninguna. Tan mezcladas y enredadas estarán en mi cabeza y en mi corazón que no puedo desenmarañarlas
Tantas cosas han pasado en estos tiempos. Tantas sensaciones y vivencias y dolores y  sabores. Hay tanto, hubo tanto. Tanto lleno y tanto vacío.
Tanto amor y tanto dolor.
Tanto gris y tanto color.
Diciembre tiene esas cosas de balance que aunque las quiera evitar son inevitables. Y otro año se nos escapa y se nos va y se nos pierde y se nos escabulle y uno se queda asi medio perplejo.. mirando el reloj avanzar sin piedad alguna. Sin ningún atisbo de compasión. Y no sabe que hacer ni como hacer las mil cosas que dijo que iba a hacer en este año que ya se fue y que no me dio ni tiempo de revisar la lista.
Así que bueno, siguiendo el flujo de la masa debo decir que mi 2015 ha sido un año duro. Durísimo. Un año lleno de aprendizaje a puro golpe. Pero también año de un crecimiento enorme, lleno de besos de mis hijos, de sonrisas, de "mamá te amo" y de unas victorias laborales que me llenan el alma y el orgullo, porque se que me cuesta más ahora pero no quiere decir que no pueda lograrlo igual.
Y fue un año de tanto aprendizaje de mi misma. De autoconocimiento, de autodescubrimiento. Un año lleno de nuevos horizontes y de cerrar viejas puertas que ya no quiero abrir.
Año de viajes y de experiencias. De conocer mucha gente. De desconocer a mucha otra.
Un año que me permitió encontrarme conmigo misma. Un año que me permití re descubrirme. Me permití errar (mucho). Un año que me permití llevarme por el mal camino. Y traerme de vuelta.
Un año que me hizo ver que soy lo que soy y está perfecto.
Que así como soy soy lo mejor que puedo ser. Aunque pueda mejorar aún más
Un año que me mostró que no hago tan mal las cosas. Que de hecho las hago bastante bien. Que me equivoco, si. Pero que lo arreglo también.
Un año que me mostró las virtudes y defectos de mis hijos. Que me hizo ver cuánto tengo que ver en ellos, y cuánto no. Cuanto es de ellos independientemente de cómo sea yo y cuánto los influyo.
Año que me redescubrí y me resdescubrió cómo mujer. Que me mostró lo que puedo provocar, lo que puedo despertar, lo que puedo ofrecer y pedir y necesitar. Año que me mostró que no todo está perdido, que no hay que tener 20 para una buena historia de amor y que no todo es amor en esta vida, aunque un buen amor no se compara con nada.
Año que me permitió ver que puedo ser yo. Que yo puedo sola. Que puedo ser yo sola pero es mejor si estoy acompañada. Que puedo estar acompañada sin estar presa. Que puedo estar sola y sentirme ahogada y puedo ser con y ser libre.
Año que me enseñó el amor en libertad
Año que me mostró la mejor manera de amar
Año que me dio la oportunidad de amarme a mi misma. Amar lo que soy, lo que doy, lo que tengo y lo que creo.
Un año de una transformación muy grande. Estoy transformándome en mi mejor versión. No se cuánto me llevará. Tal vez un proceso de años. Tal vez siempre fui mi mejor versión. La que mejor podía con las circunstancias que tenía.
Lo que si sé, es que este año fue el mejor/peor de mi vida. Como lo serán otros tal vez. Pero de acá en adelante: sólo para arriba.
Feliz 2016. Feliz año. Feliz Vida. Feliz encuentro con uno mismo.

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