jueves, 28 de octubre de 2010

Un poco de compasión...

No puedo ver a una enemiga. No puedo ver a un ser despreciable. No puedo ver odio ni venganza.
Sólo puedo ver a una mujer que sufre. Que ha perdido al compañero de su vida. Al padre de sus hijos.
Probablemente no eran la pareja perfecta. Probablemente tenían conflictos. Pero al final de día, evidentemente seguían eligiéndose. Apoyándose.


Me duele como ser humano que haya gente que piensa que porque festeja esto es "oposición". 
La "oposición" es hacer las cosas como uno mejor puede. No es insultar todo el día, odiar, despreciar, desvalorizar.
No puedo entender la gente que se alegra con todo esto. Es tan inhumano festejar la desgracia ajena...
Si esta gente es tan mala gobernando, cómo llegaron ahí en un principio?
Y si el resto es mucho mejor, porque no están ellos en ese lugar?


 No estoy de acuerdo con ella en miles de cosas. Ni lo estaba con él. Pero eso no significa que les desee la muerte. Si me pusiera contenta con esto, significaría que no tengo nada para dar. Que sólo puedo ganar si el otro deja de existir. Eso no es ganar. Eso es mediocridad.


No me gustaría estar en su lugar. Ni que ninguna de las mujeres que oí festejar esta muerte estuviese ahí.
Acariciando sin parar un cajón. Porque su realidad no le permite acariciar un cuerpo.
Esta mujer que además no puede llorar en paz. Que debe estar entera. Pero no por sus hijos, como todas nosotras. Sino por toda una nación. Porque esta pobre mujer, antes que nada, tiene un deber ineludible.

Sólo puedo ver a una mujer que sufre. Y como estuve muy cerca de perder el hombre que amo, puedo saber un poquito lo que se debe sentir en ese momento.
Y sólo puedo sentir compasión por esa mujer. Y por sus hijos. Y rogar a Dios que la pena no sea enorme. Para que él descanse en paz. Para que ella siga su vida. Para que los que se regodean en el dolor ajeno evolucionen hacia la luz. Y descubran que todos los seres humanos merecemos compasión, porque sólo eso puede salvar al mundo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Volví

Hace casi 3 meses que no paso por acá. Es muy triste. Porque eso significa que hace 3 meses no me dejo ni 10 minutos para mi misma. Para cobijarme en un lugar tan lindo y tan privado como éste. Es decir que hace 3 meses que la rutina, la casa, el trabajo, la familia, las obligaciones o simplemente el cansancio me ganan ante la necesidad de pensar; de aclarar las ideas, de reflexionar un poco y de ver para dónde voy.
A veces me pasa eso. Que me dejo llevar por lo que TENGO que hacer, y no por lo que QUIERO hacer. Y me doy cuenta que de esa forma lo único que hago es alejarme de mi misma. Alejarme de mi camino y de mi misión en la vida. Me comporto como una máquina utilitaria a vaya uno a saber qué o quien.
Y como en esa ocasión, termino enferma. Nada grave, una gripe. Pero cada vez que hago ésto (es decir, alejarme de mí misma) el cuerpo (o Dios) me llaman la atención de alguna manera. En este caso fue una gripe conjunta: mía y de mi hija.
Y entonces me puse a pensar (obligada por el estado): Que carajos hago yo corriendo de acá para allá???????
A quien persigo? Quien me persigue? Qué y a quién tengo que demostrar algo?
Todo eso me lleva a pensar que en realidad, si uno quiere puede vivir totalmente des-estresado. Ustedes me dirán: Esta mina está más loca de lo que yo pensé. Bueno, tienen razón, pero eso es otro tema.
Uno puede vivir sin estrés. Estoy 100 % segura. Pero no nos lo permitimos. Porque estamos demasiado acostumbrados a correr. A llegar. A cumplir y marcar tarjeta.  A desesperarnos ante lo desconocido.
A pensar siempre lo peor: que todo, absolutamente todo, va a salir mal.
Porque no confiamos en nadie. Ni en nosotros, ni en Dios o el Universo. Ni a ese pedacito de Dios que vive en nosotros.
O que si no estamos estresados, somos unos vagos, o no nos importa nada: unos irresponsables.

Sin embargo, entre tanto trabajo estas semanas, me di el gusto de hacer cosas que jamás había hecho antes: maquillé modelos en un desfile, y canté en un homenaje a una amiga, ante unas 50 personas.
Y antes de eso, me estresé mucho, porque nunca lo había hecho y porque siempre uno espera lo peor. Pero luego pensé: no! Las dos cosas las hago porque quiero. Nadie me obliga. Y ambas cosas las haré con amor. Así que: porqué deben de salir mal????????? No hay ninguna razón! Así me fui con esa idea en la cabeza, y ambas cosas salieron muy bien! En las dos situaciones hubo inconvenientes que resolver, pero lo hice (hicimos en realidad) sin problemas.
Entonces, si uno puede superar obstáculos en situaciones extra-ordinarias, porqué no habría de hacerlo en situaciones ordinarias. Es decir en el trabajo diario que se supone uno sabe hacer?
Creo que el secreto es hacer algo con amor. Aunque uno no haga exactamente lo que le gustaría. Si lo hace con amor, todo sale bien, como me dijo una colega el día que canté.
Y creo que también hay que animarse a hacer cosas "locas", que nunca hayan hecho, o que les dé miedo hacer. Porque después de la experiencia, después de ver que no se muere nadie y que no era tan terrible, uno adquiere más confianza y más osadía. Y por sobre todo, uno aprende. Y que es aprender, sino evolucionar...
Como me dijo un profesor en la facultad: "El mundo, es de lo que arriesgan"