martes, 22 de mayo de 2012

Mi hijo, mi trabajo y yo

Estoy embarazada de 7 meses. Este embarazo fue muy distinto al anterior. Mucha angustia. Mucha ansiedad. Demasiadas preocupaciones. Mucha culpa. Mucho mambo. Nada que ver con el primero. Que fue todo paz, amor, armonía y conexión con mi lado más intimo. Fue un embarazo más salvaje. Este es más racional. Tal vez porque ya no estamos solos. Hay que pensar en mas bocas que alimentar, más cosas que comprar, mas almas que contener.
Jamás pensé que una podía estar triste en un embarazo. Sensible si, hasta angustiada. Pero triste no. Es un estado tan maravilloso!
Y yo hoy estoy triste.
Mi doc me dio dos semanas de reposo. Un poco pedidas por mi, sin pedirlas. Pero las necesitaba. Creo que con síntomas, las pedí a gritos. La vida, la rutina, el trajín, todo me superó.
Y ahora que tengo tan ansiado descanso, estoy triste.
Triste porque por haber pedido descanso me pierdo una importante oportunidad laboral.
Triste porque seguramente este mes (y el próximo) tendremos aprietos económicos.
Triste porque estoy más preocupada por el dinero y el trabajo que por mi hijo.
Triste porque en definitiva, me tienen que "obligar" a disfrutar de mi embarazo.
Y una duda y una incertidumbre que ya tuve muchas veces y que pensé que había resuelto vuelve a surgir.
¿Quiero una familia,quedarme en casa, ocuparme de los chicos?
¿O quiero tener una carrera exitosa, mucho trabajo y bastante dinero, y que otro críe a mis hijos?
Hoy fue mi primer día de reposo, y caminé por las paredes. ¿Podré vivir así,sin trabajar?
Pero si trabajo,¿ podré criar a mis hijos como yo misma deseo que sea?
Si sintieran cómo se mueve este bebé. A veces parece que va a sacar un brazo por el ombligo. No se queda quieto un segundo! y pienso, ¿será mi estado de locura, que se lo contagio? ¿Será que me dice: mamá! estoy acá por favor date cuenta!!? Porque hasta ahora he vivido como si no estuviera embarazada. Haciendo millones de cosas al mismo tiempo, y no he ni descansado, ni disfrutado, ni comido ni nada como debería.
Tengo la sensación de que estuve haciendo de hombre. Del hombre de la casa. Y no es que no haya hombre en la casa. Es que sentía (siento) que tengo que hacerme cargo de las cosas. Quizás siento que debo hacerme cargo de todas las cosas. Y eso es un gran error, sobre todo si uno está en este estado. Porque mi hijo no tiene la culpa de que no alcance para el alquiler. O de que sus padres no se hayan procurado otra situación para recibirlo.
Ni tiene la culpa de que su madre no sepa qué quiere en esta vida y estudie 800 cosas al mismo tiempo y tenga 5 trabajos distintos, porque no se decide por algo.
Y este descanso obligado me hace pensar en todo eso, en lo mal que le debo estar haciendo a mi bebé con tanta angustia, con tanta preocupación, con tanto esfuerzo y con tanto trajín.
Y ahora que podría descansar, no puedo! Siento que falto, que cometo una falta en el trabajo. Que es como un fracaso no poder hacer todo, todo al mismo tiempo, y todo bien.
¿Quién me puso en la cabeza que las mujeres debemos ser seres superdotados que no sintamos cansancio, que no nos pese el cuerpo, que no nos pese el alma y que tenemos que ser absolutamente eficientes, eficaces y efectivas el 100% de las veces?
No sé, tal vez tengo un gran sentido de la responsabilidad, que es hasta enfermizo, y que no me permite conectarme con el placer. Si la vida me es placentera, me siento mal.
Pero no lo quiero enseñar eso a mis hijos. Quiero que aprendan a disfrutar de la vida. Que gocen, que se rían, que se respeten. Que respeten sus ritmos, sus cuerpos, sus almas. Sus emociones.
Que no se silencien, se tapen, se oculten con responsabilidades...
Ojalá logre vislumbrar el camino en mi misma, para que mis hijos no sufran las consecuencias de mi necedad.
Y para que algún día deje de escribir tan repetitivos post...