domingo, 6 de noviembre de 2016

Se puede amar en libertad

Estaba muy perdida.
Estaba perdida en medio del caos y el dolor. Estaba perdida intentando recomponerme y reconstruirme. Estaba sola luchando contra todo lo que alguna vez me atormentó. Contra todas mis sombras y mis fantasmas. Contra mi misma y contra el mundo.
Estaba atrapada en ese mar de confusión y enojo. Creyéndome más que el resto. Creyendo que podía con todo. Creyendo que yo sola era capaz de vencer todos los molinos.
Y apareciste de la nada. De pronto. Sin nada demasiado claro tampoco. Vos mismo inmerso en una gran confusión
Pero no se cómo ni cuando te fuiste transformando en un pilar.
Intentamos des-confundirnos mutuamente.
Lograste ayudarme a encontrar mi propio eje. Nunca invadiendo. Nunca diciéndome lo que tengo que hacer. Siempre apoyándome para que yo sola pudiera volver a mí.
Me guiaste hacia mí misma.
Y amo la forma que tenés de darme ánimo y fuerzas para ser quien soy realmente. Amo que puedas mostrarme que puedo. Que tengas la valentía de ayudarme a ser una mujer entera. Amo que eso no te de miedo.
Amo que seas capaz de reconocer que aprendes a la par mío. Amo que me dejes apoyarte en lo que necesites y que tu camino sea en tanta libertad como el mio.
Amo y agradezco que en este tiempo hayas sido un sostén. Un pilar. Un refugio.
Y amo ser libre al lado tuyo Amo poder ser yo misma. No necesitar impostar nada. No necesitar inventar ni actuar.
No necesitar esconder ni mentir.
Yo soy esto. Con todo lo bueno y con todo lo malo. Con todas mis luces y con todas mis sombras.
Y me da felicidad haberte encontrado. Que hayas tenido la valentía de salirte de tu mundo para compartirlo conmigo. Que hayamos construido lo que hemos construido. Que el mundo sepa que existe todavía la posibilidad de vivir en el amor. Y que el Amor puede vivir en libertad. Y que la libertad puede vivir en compromiso con el otro.
Gracias por darme tu tiempo y tu amor y toda tu generosidad.
Gracias por elegirme y por hacerme parte de tu vida.
Gracias por darme la oportunidad de volver a creer. Y de creer que yo también merezco esto.
Gracias por haber estado ahí, en el momento y en el lugar preciso.
Gracias por ser como sos conmigo
Gracias por dejarme ser como soy con vos.

Morir en domingo para aprender a vivir

Odio los domingos.
Sobre todo los domingos a esta hora, cuando el sol se esconde y la noche se acerca.
En esta hora de este día me siento morir.
Siento que me estoy muriendo. Que otra semana se termina. Que otro lunes acecha. Que otra vez empieza el caos  y el stress.
Los domingos a la tardecita me recuerdan que no hice ni un cuarto de mi lista de pendientes. Y estos pendientes se suman a los pendientes de la semana anterior. Y de la anterior. Y de la anterior.
Y mi lista de pendientes crece y crece sin cesar. Y yo me convierto poco a poco en una gran cosa pendiente. Sin hacer. Sin terminar. Sin estar jamas del todo lista. Sin estar jamas del todo hecha.
Me falta hacer-me
Entonces pienso y digo, el problema es el domingo? O el problema es vivir de una forma en la que no me gusta vivir? 
El problema es el domingo o es saber que hasta el proximo domingo yo no tendré ni un minuto para mi? 
El problema no será que día tras día me voy muriendo por no vivir... por no hacer las cosas que necesito hacer, por no hacer lo que siento que debería hacer? Y el domingo solo me lo hecha en cara. Sólo me lo recuerda. 
El problema son los domingos o son los lunes, martes, miercoles, jueves, viernes, sabado que no vivo la vida como quisiera vivirla sino que la vivo como se me dijo que había que hacerlo?
Los domingos me abruman porque son honestos.
Los domingos no te distraen con trabajo y más trabajo. Con correr de acá para allá. Con ir y venir y hacer y estar ocupado 25 horas al día.
Los domingos son quietos. Y la quietud y el silencio te muestran la verdad. 
Lo que tu alma necesita, lo que tu alma espera. Solo se oye en el silencio.
Los domingos me dicen a gritos lo que estoy haciendo mal.
En lo que estoy errada
Por lo que me enfermo
Por lo que no duermo
Los domingos me gritan todo lo que en la semana me esfuerzo por no oír.
El problema no son los domingos. Ni la noche. Ni la lista de pendientes. El problema es la forma de vivir. 
O de estar muriendo en el intento.