miércoles, 1 de diciembre de 2010

Dejarse seducir...

Quise empezar este post hablando en general, sin hacer alusiones personales. Pero qué es ésto sino un blog personal.... así que me resultó imposible.
Hablaré en carne propia, es  lo que le pasa a mucha gente, sólo que pocos lo dicen. Y menos lo publican en un blog...

Llevar 10 años de pareja no es fácil. Las etapas son muchas y variadas. Hay momentos de enamoramiento maravilloso, otros de agotamiento y otros de indiferencia. Hay momentos en que no se puede vivir sin el otro, y hay momentos en que no se puede vivir CON el otro.
Pero todas estas etapas se superan, con amor, respeto y voluntad. 
Muchas parejas se separan porque no tratan de superar las crisis. Es más fácil separarse que superar una crisis. Porque ésto implica renunciar. Renunciar a expectativas, a creencias, a ideas, en definitiva, al ego. Es imprescindible dejar atrás el tener razón, para apostar a la supervivencia de la pareja. 

Yo siempre digo que cuándo una persona engaña a otra es porque no pudo hablar a tiempo. Es decir, no poder pedirle a la pareja lo que se necesita en ese momento, para no tener que esperar que un tercero se lo de. O peor aún. Ir a buscarlo.

Una de las cosas que más me asustan de estar tanto tiempo con alguien, es el no tener más la emoción, la adrenalina de las primeras citas. 
Ese coqueteo, ese histeriqueo, las mariposas en la panza. El esperar un llamado. El no saber.
El factor sorpresa, en definitiva. 
Sorpresa por no saber cuándo me va a llamar. Dónde me va a llevar.
No saber cómo va a besar. Qué me va a decir.
Esas cosas después de 10 años no pasan más. Incluso a veces la rutina de la pareja, las acciones, las miradas. Todo es previsible.
Y eso me parece peligroso.
Porque creo que si no hay sorpresa, si no hay intriga, si no hay un poco de seducción, uno se convierte en un amigo. 
Y el riesgo de eso, es que por fuera de la pareja, un amigo se convierta en otra cosa.

Hay épocas en que la vida tiene tantas cosas que uno no se pone a pensar en eso. Pero de vez en cuando tengo esta inquietud. 
Y veo una película romántica y muero de amor por esos dos que están a punto de darse un beso por primera vez. Para quienes todo es nuevo, distinto, extraño, emocionante.

Y me puse a pensar en que en la vida hay muchas oportunidades de dejarse seducir. 
Bueno, no soy Angelina Jolie, pero sin embargo, si quisiera, si lo permitiera, tendría varias oportunidades de dejarme seducir.
A veces creo que es bueno recibir halagos de alguien más. Siempre que no sea una falta de respeto, por supuesto, porque eso permite levantar la autoestima.
Dejar que me digan algo lindo; saber que no estoy muerta para los hombres. Saber que si por esas casualidades de la vida mi marido se va con otra, yo tengo aunque sea alguna mínima posibilidad de rehacer mi vida. Saber que todavía puedo gustar.
Y saber que aunque esa posibilidad existe, no la quiero. Vuelvo a elegir la persona que me acompaña todos los días.
Esa persona que me conoce tanto tanto que sabe exactamente qué decir, cuándo y dónde.
Esa persona que sabe exactamente cómo hacerme reír, que sabe qué hacer. Que sabe cómo besar.
Pero la elijo desde otro lugar. Un lugar más seguro de mí. Con otras cosas para darle. Como diciéndole: estoy acá porque te amo, porque te vuelvo a elegir, una y otra vez. No porque no haya otra opción allá afuera.
Y eso me parece muy importante. Que uno, y el otro, sepamos que nos seguimos eligiendo.  Que podemos hablar a tiempo. Que podemos elegirnos y gustarnos. Y dejarnos seducir, cómo hace 10 años atrás....


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