domingo, 1 de febrero de 2015

Mi Sangre en mis Manos

Mi hijo menor nació en mi casa. Uno de los mayores sueños y "logros" de mi vida. Si es que eso se puede contar como un logro. En todo caso si era un sueño. Era el sueño de mi vida. Después de mi parto robado de mi hija mayor, poder parir. Nunca me sentí verdadermente madre hasta que pude parir. Hasta que pude ayudar a nacer por mis propios medios a mi hijo. Y permitir que él naciera cuando quisiera nacer.
En ese momento, decidimos congelar la placenta. Para plantar un arbol y ponerla en la tierra. Como símbolo de la vida que genera vida y que vuelve a la tierra para alimentar más vida. Ciclos que nunca se acaban y que será nuestro destino y el de toda la humanidad.
Esa placenta es lo que mantuvo vivo a mi hijo durante 9 meses en mi panza.
Es mágica. Es milagrosa. Es el símbolo del arbol de la vida misma. Es la metáfora entera de como el Universo nos alimenta y cómo cuando ya no sirve se muere para poder dar paso a otra cosa, a otro estado y a otro nivel de nutrirse de la vida....
Mi/su placenta es lo que nos unió en carne viva durante 9 meses. Es lo que hizo que fueramos un sólo cuerpo. Y una misma alma. Esa placenta es lo que yo le di y es lo que él me dio.
La placenta es un órgano hermoso. Es maravillosamente hermoso. Es formidable. ES mágico. Es lo que da vida y es lo que nos une. Es lo que alimenta y es lo que muere para dejarnos vivir.
Ayer, dos años y 6 meses despues de ese nacimiento, pudimos plantarla en un pino, que compré especialmente para la ocación.
Tal vez hubiera preferido un arbol frutal. Pero asi fueron las cosas. Y mi hija mayor eligió ese árbol. Por algo habrá sido.
Dos años y medio. Porqué no lo hice antes? No era tan complicado. Era comprar un árbol.
Pero nunca había podido hacerlo. Algo más allá no me dejaba sacarla de su letargo. Como si mantuviera asi, congelada, la vida y la evolución. Como si nos hubieramos quedado en ese invierno del 2012.
Pero justo ahora, justo en este momento, justo en esta semana. Justo ahora que decidí irme. Justo ahroa que mis hijos y yo avanzamos y dejamos todo atrás. Justo ahora que decido ser libre y volar y no atarme mas ni al pasado ni a las convenciones ni a nada.
Justo ahora, ahi, en el patio, en una tarde de verano, decidimos descongelar el pasado y devolverlo a la vida. Para que alimente. Para que haga crecer. Para que siga con su función primal hasta que vuelva al polvo.
Y fue muy fuerte y muy poderoso tener mis manos heladas, quemadas por el frío, llenas de sangre. Llenas de mi sangre. llenas de la sangre de mi hijo. Algo pasó en ese momento.
Algo en mi alma se cerró. Algo en mi Alma sanó
.
Si hubiera podido hubiera me hubiera bañado en esa sangre. Me resultó absolutemente sanadora. Mágica. Chamánica. Purificante. Absolutamente Sagrada,
Jamas había pensando así de mi sangre. Pero esa sangre había dado vida a mi hijo. No puede ser más que sagrada para nosotros, como la vía que usa el Universo para crear la vida....
Como podría dar impresión, como podría dar asco?? Como la sangre que hizo que tu hijo exista va a ser algo desagradable?
Es lo más mágico y sagrado que he visto, que he tocado, que he sentido
El  árbol de la vida ahora es alimento de otro árbol. Un árbol que crecerá sano y fuerte como mi hijo. Un árbol que lo representa, y que me representa a mí como madre. Madre nutricia y amorosa. Que aunque imperfecta, no ha sido más que el instrumento del Universo para expandir su creación.

3 comentarios:

  1. Infinitamente amoroso en la generosidad de unas almas nobles.


    Gracias por compartir esa parte de tu vida.

    Un abrazo.

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  2. Gracias Olga!!!!!!!! gracias por leerme, gracias por tu abrazo

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  3. es la sangre más limpia
    que puedas imaginar, dice Señorita Carolina

    Gracias Lis!

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